La Hipótesis Álvarez o...

                                 de cómo se hace la 'ciencia' hoy en día

    Ciertamente la causa más famosa de la extinción es el supuesto impacto de un asteroide que acabó con los
    dinosaurios 65 millones de años atrás. Se conoce como la Hipótesis de Álvarez en honor al equipo de padre e hijo
    que la publicó en 1980. La Hipótesis de los Álvarez sirve más bien como ejemplo de cómo los matemágicos
    manipulean el mundo de literatura científica y mantienen un dominio absoluto sobre él. Los matemágicos imponen
    sus creencias irracionales al mundo y censuran a los que se oponen a ellas. La fama de esta teoría tiene poco que
    ver con la Ciencia y mucho que ver con autoridad, celebridades, presión de los pares y la forma en que grupos
    influyentes imponen sus creencias a los demás para lograr reconocimiento y dinero. Dice más de la dinámica de la
    ‘ciencia contemporánea que de cómo murieron las especies en el pasado.

    Autoridad: lo más importante en la ‘ciencia’ de los matemágicos

    Luis Álvarez fue uno de los matemáticos que contribuyeron al desarrollo de la bomba de plutonio (Fat Man) que
    destruyó a Nagasaki. Él fue una pieza clave, tal es así que las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos lo pusieron
    en el avión de observación The Great Artiste que supervisó la explosión sobre Hiroshima... tal vez para ver cuántas
    personas este supuesto científico podía matar. A raíz de su trabajo con la bomba, con el desarrollo de radares y
    con otras contribuciones al complejo militar de los Estados Unidos, Álvarez logró establecer conexiones
    inmensamente valiosas tanto con los militares como entre sus colegas. Es así que sus amistades en el mundo de
    la Matemágica le otorgan una medallita Nobel en 1968, supuestamente por promover otra tontería más de la
    religión de la Mecánica Cuántica. Álvarez devuelve el favor en 1976 con la publicación de un artículo para ayudar al
    Gobierno de Estados Unidos convencer a sus ciudadanos que John Kennedy fue baleado únicamente por la
    espalda. Con sus antecedentes en la bomba y un Nobel en el bolsillo y sus conexiones militares y en el mundo de
    las Matemágicas y con su contribución crítica al asesinato de Kennedy, Alvarez tenía más que suficiente autoridad
    para respaldar a su hijo Walter, un geólogo que usurpó la teoría de De Laubenfels y la hizo suya. En efecto, el
    hecho de que Luis puso su nombre al tope del documento que el grupo de investigación publicó dice mucho de la
    estrategia publicitaria de los autores. Por si acaso, Luis Álvarez también movió los hilos para eliminar o denigrar
    teorías rivales, específicamente la del geólogo Dewey Mclean. No aprendimos mucho de cómo desaparecieron los
    dinosaurios, pero sí de cómo se filtran las teorías al público.



    Evidencia por encima de explicación

    En el mundo de los matemágicos las teorías no son importantes. Cualquiera puede tener una explicación dicen
    ellos. Lo que cuenta son las evidencias que uno introduce en respaldo de su teoría, especialmente si la evidencia
    viene en forma de ecuaciones. La meta del Club de las Matemáticas es convencer para reclutar, y para esto es
    indispensable la evidencia y el testimonio de alguien certificado como una ‘autoridad’. Por ejemplo, ni una sola
    explicación o interpretación física de la Mecánica Cuántica o de la Relatividad General es racional. Lo sorprendente
    es que semejante crítica ya ni siquiera inmuta a los matemágicos; muchos de ellos libremente conceden que sus
    teorías son irracionales. Responden con calma que no se espera que las teorías sean racionales... al menos no de
    acuerdo con las nociones del sentido común que tiene el hombre de la calle. Según los matemágicos, los seres
    humanos no pueden pretender que el universo funcione de manera que pueda ser comprendido. Semejantes
    respuestas me traen a la memoria las famosas excusas de las religiones tradicionales: “No podemos entender las
    maneras de Dios” o “Dios trabaja en forma misteriosa”. Es por eso que los matemágicos buscan convencer a sus
    semejantes con experimentos y números y evidencias… y especialmente con testimonios de gente bendecida con
    autoridad. El propósito de la evidencia es persuadir para reclutar. La evidencia es el pan y la manteca de
    abogados y políticos, no de científicos. Pero el matemágico descarta la explicación sin pruebas como una pérdida
    de tiempo, charla de café, filosofía abstracta. Y como más del 99,99 % de la humanidad es oveja y se babosea
    ante la autoridad... la gente se acostumbró a pedir autógrafos en vez de explicaciones.

    De Laubenfels presentó una teoría. Los Alvarez presentaron evidencia, irónicamente, evidencia para la teoría de
    De Laubenfels. La ‘gran’ contribución de los Alvarez a la ‘ciencia’ y que los hizo famosos fue que descubrieron una
    capa Entonces, el descubrimiento de esta capa aproximadamente en el límite del Cretáceo-Terciario daba
    credibilidad a la teoría. Por lo tanto, de acuerdo a las reglas del Asilo Matemágico, los Álvarez y no De Laubenfels
    se llevan los laureles.

    De repente, así por decreto, por la simple mala costumbre de darle más peso a la evidencia, la Paleontología pasó
    a manos de los matemágicos. Ya no era una ciencia cualitativa donde la gente podía ofrecer explicaciones
    racionales para la extinción. De la noche a la mañana se convirtió en una cuestión de números y de pruebas y de
    evidencias. La cuestión ya no era descubrir cómo se extinguieron los dinosaurios. Las nuevas preguntas que se
    hacían los paleontólogos eran:

    ¿Cuál fue el tamaño del asteroide?
    ¿Cuál era su masa?
    ¿A qué velocidad tendría que estar viajando para producir semejante catástrofe?
    ¿Qué cantidad de polvo salpicó a la atmósfera para envolver a toda la Tierra?
    ¿Cuánto tiempo permanecieron los restos en el aire para matar a todas las plantas?
    Y especialmente… ¿Dónde cayó?

    Los paleontólogos cedieron a sus superiores – los matemágicos – y permitieron la toma de posesión de su gremio.
    Bajo su dirección, los paleontólogos cambiaron de rumbo. En vez de dedicarse a profundizar sobre las causas de
    la extinción, los geólogos y paleontólogos y antropólogos estaban todos ocupados en los campos tratando de ser
    el primero en encontrar evidencias para respaldar la teoría de los Álvarez, específicamente, el sitio del impacto.
    Mientras tanto, sus colegas con vocación misionera se encargaron de esparcir el nuevo evangelio entre las masas.
    A partir de entonces, se trataba simplemente de una cuestión de descubrir dónde había chocado la roca
    extraterrestre y he aquí que por fin encontraron un agujero en el cráter Chixalub en México.

    ¡Pero se equivocan! El asteroide no cayó en México. El asteroide cayó sobre la Ciencia y la desintegró! Teníamos
    una teoría - ahora llamada la Hipótesis Álvarez. Teníamos la evidencia de la capa de iridio. Y por encima de todo
    teníamos la autoridad certificada de Luis Alvarez para empujar su teoría por todo el mundo. En el año 2010, 41
    ‘expertos’ dictaminaron que fue en realidad el impacto de ese asteroide el que eliminó a los dinosaurios y ahí se
    cerró el libro de su extinción. ¡Caso cerrado!

    Esto es, en pocas palabras, la razón por la cual la mayoría de la gente en el mundo cree en la teoría del impacto
    hoy en día. El estudiante no tiene oportunidad de cuestionar semejante barbaridad. Sólo le queda memorizar las
    palabras mágicas que los profetas les inculcan si quieren pasar de grado a fin de año: “Un asteroide mató a los
    dinosaurios. Ha sido comprobado por los expertos. Si no fuera por ese golpe de suerte, el T-Rex estaría vagando
    por las calles de Nueva York.”

    Max De Laubenfels publicó su teoría de impacto terrestre en 1956, 24 años antes que los Álvarez. Escribió…

    “La supervivencia y la extinción al cierre del Cretáceo resultan… de los vientos de calor
    intenso, que serían generados por meteoritos extragrandes o impactos planetesimales.”

    Por si acaso, Napier y Clube publicaron una tesis semejante en la revista científica Nature en 1979, unos meses
    antes que los Álvarez.

    El primer problema fatal que tuvo De Laubenfels es que era un Don Nadie. Ni siquiera hoy tiene su nombre grabado
    en el Wikipedia como autor de esta teoría. La autoría fue asignada enteramente a los Álvarez a pesar de que en el
    artículo hacen referencia a la tesis de De Laubenfels. El segundo problema fatal fue que en la religión de las
    Matemágicas no valoran las teorías sino las evidencias. A los matemágicos no les interesa entender…
    especialmente si la teoría está fundamentada en lógica. A los matemágicos les importa que los convenzan como
    se convence a un jurado en un juicio. La razón que los Álvarez fueron capaces de colocar sus nombres a la teoría
    de De Laubenfels es que la religión de la Física Matemágica funciona a base de autoridad.
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